Casi

Ella quería vivir…

No sé dónde nació, ni cuándo, ni quiénes son sus padres.

Imagino que pasó los primeros ¿tres años? de su vida en el Ajusco, donde la encontraron, flaca, hambrienta y cubierta de sarna entre los puestos de comida, buscando calor, comida y aunque seguramente recibió más patadas que caricias… contacto humano.

A mi teléfono llegó en una foto, de tantas y tantas que manda mi amiga Josefina, dedicada en cuerpo, alma y cartera al rescate y colocación de perros y gatos abandonados por la irresponsabilidad de la “especie dominante”.

Debo confesar que, la verdad, eran tantas las fotos y mensajes de “Busco casita” que ya la tenía en silencio porque, además, yo tenía ya un perro adoptado: “Fireball”.

La vi y la quise, no sé por qué.

Hicimos los trámites pertinentes y llegó una tarde a mi casa, después de haber convivido con Fireball.

Se volvieron hermanos del mismo “padre” y distinta madre, corrían, subían, bajaban y se fregaban como buenos parientes.

Sería un muy buen final y uno pensaría que Casiopea, la dobermann “pinche” (que no pinscher), del Ajusco tenía las estrellas de su lado.

Pero falta.

A los tres meses, por un viaje de fin de semana, dejé a Casi y Fireball en la pensión de Josefina (petconcepts.com.mx) el viaje se canceló pero preferí dejarlos ahí hasta el martes.

Me llamó Josefina, me explicó que Fireball volvía a casa pero Casi no porque tenía un sangrado y que, por estar esterilizada y por haber pasado tanto tiempo en la calle, lo más probable era TVT, un bicho de transmisión sexual.

Si se confirmaba el diagnóstico y no se trataba, ocasionaría tumores y la muerte de la perra.

Se requería análisis, operación y quimioterapia.

Me quedé frío, fui por Fireball que llegó a casa contento por estar ahí, pero extrañado y triste de no ver a su hermana.

Me asusté, lloré, me atormenté.

Pensé después en todo lo que había tenido que pasar para que a Casiopea le detectaran el sangrado precisamente en el lugar donde podían sacarla adelante (Pet Concepts se hizo cargo de los gastos), me aferré a creer que no podía ser en vano.

Quise… necesité comprender que, aunque ocurriera lo peor, el más afortunado era yo por haber podido hacer algo por Casi que, hace cuatro meses, luchaba por su vida en el Ajusco.

Análisis, operación y dos de ocho sesiones de quimio más tarde, Casi está en casa, sana.

Yo estoy feliz, Fireball y ella también.

Ella quería vivir.

Donativos en www.petconcepts.com.mx

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